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miércoles, 6 de octubre de 2010

Un Porsche ganador por 190.000 euros

AS prueba en exclusiva el 911 de Miguel Fuster, mucho más barato que los Súper 2000 y que ha sido capaz de ganar ya dos citas del Nacional.


El ganador de las dos primeras pruebas del Campeonato de España de rallys (Alicante y Canarias) compite con el vehículo más barato entre los favoritos. Porque, aunque pueda parecer lo contrario, el Porsche 911 de Miguel Fuster sólo cuesta 190.000 euros, mucho menos que los 350.000 que vale un Súper 2000. Pero, además, su mantenimiento es mucho menor, ya que el motor se revisa cada 6.000 kilómetros por 12.000 euros, mientras que sus rivales lo hacen cada millar de ellos y se gastan 20.000 euros.


El vehículo parte de la versión Supercup 08, a la que el equipo Pro-Rallye de Juan Díaz realizó la preparación con la inestimable ayuda del experto francés en Porsche, Bernard Vara. Un par de meses tardaron en convertirlo en un vehículo de rallys (la base es de circuitos), adaptando las suspensiones, caja de cambios y ventiladores, e incorporando los elementos propios de la especialidad de los tramos. Fuster ya estuvo peleando con él por el título el pasado año, hasta que un desafortunado accidente en Córdoba acabó con sus opciones, y ahora es segundo tras conseguir dos triunfos en los dos primeros rallys de la temporada.


AS tuvo la oportunidad de probar en exclusiva esta maravilla mecánica en el circuito de Jumilla, un paraíso en el que se entremezclan las pistas de asfalto y tierra con zonas para todo terreno, una bodega y mucha caza. Primero fue Fuster el encargado de demostrar cómo conducir su coche: "Tras mucho trabajo, hemos conseguido que el morro entre bien en las curvas y ahora es un coche fácil de conducir. Cuando lo probé por primera vez, precisamente en este circuito, no paraba de hacer trompos". Y, lo cierto, es que lo hacía bailar, derrapando constantemente, con gran facilidad.


Ya al volante, lo primero que sorprende es que ciertamente se trata de un coche fácil de llevar. Ponerse en marcha no es una tortura, como ocurre con casi todos los coches de competición, pero desde el primer momento da confianza. Otra cosa es cuando se comienzan a apurar las marchas con el cambio secuencial, y afloran los 430 CV que lleva bajo el capó. Entonces, poco a poco, la trasera del 911 va perdiendo la línea recta y hay que contravolantear y acelerar para corregir la trayectoria hasta que llega el temido trompo. Con todo, es un arma de competición en unas manos cualificadas como las de Fuster.


Fuente As.com rallies

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